Las mujeres en el Criptojudaísmo Latinoamericano.

08/Mar/2017

Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman

Las mujeres en el Criptojudaísmo Latinoamericano.

En el Día Internacional de la Mujer, una
mirada a las mujeres que mantuvieron el criptojudaísmo en la época colonial de
Brasil y el Río de la Plata.

Los expedientes de los procesos de la Inquisición en América fueron
secretos durante siglos. A fines del siglo XX, se abrieron al estudio de los
interesados. Sus páginas traen miles de historias de la vida de los acusados
por la Inquisición. Una fuente hasta ahora inexplorada de datos que no figuran
en ninguna otra parte.

¿Dónde están esos archivos? Los de la Inquisición española en América
están en bibliotecas públicas de cada una de las ciudades donde funcionó,
México, Lima, Cartagena de Indias (Colombia). Portugal nunca estableció
tribunales de Inquisición en América, pero desde 1536 vinieron a Brasil visitas
inquisitoriales. Sus archivos estaban en la Biblioteca Nacional de Rio de
Janeiro, fueron trasladados al Archivo Nacional Torre de Tombo de Lisboa, allí
realizaron su investigación de doctorado la Prof. Anita Waingort de Novinski de
la Universidad de San Pablo y varios de sus alumnos.

Los archivos de la Inquisición mostraron muchas cosas, de eso consta el
estudio “Las raíces hebreo sefaraditas en la población criolla
latinoamericana”, que con ayuda del Señor, espero llegar a ver publicado.  Aquí estamos dirigiendo la vista a las
matriarcas de esas familias.

Algo más de la mitad de los procesados por la Inquisición, fueron
mujeres. Muchas de esas mujeres, cerca de la mitad, sabían leer y escribir,
incluso las más pobres. Y tengamos presente que en la época colonial, las
mujeres eran en su gran mayoría, analfabetas. Las procesadas pertenecían a
todos los ámbitos de la sociedad colonial. Hijas y esposas de familias pobres,
sirvientas, pero especialmente mujeres de familias ricas, integradas por
gente distinguida, artesanos, comerciantes, propietarios de tierras, ingenios
azucareros, médicos, jefes militares,
monjas, curas y dignatarios católicos. La Inquisición investigaba los
antecesores de los acusados hasta la 10ª generación. Eso permitió descubrir que
prácticamente, todos los procesados por la Inquisición, tanto española como
portuguesa, descendían de judíos sefaraditas asentados en Portugal. Esto tiene
una clara explicación histórica.
Las conversiones al
catolicismo en España se realizaron a lo largo de un siglo, entre 1391 y 1492.
Siendo católicos, los sefaraditas conversos de España pudieron ingresar a todas
las profesiones que como judíos, tenían vedadas: la abogacía, el ejército, las
Universidades, las jerarquías en la Iglesia Católica y también se asimilaron
con las familias cristianas viejas, aún las más nobles.
A Portugal
llegaron muchos nuevos conversos de España a partir de 1391. Pero aquí los sefaraditas descendientes de
conversos no tuvieron derechos civiles iguales a los cristianos viejos y no se
integraron a la sociedad cristiana portuguesa. En Portugal, los descendientes
de cristianos nuevos continuaron casándose entre ellos, manteniendo sin hacer
ruido sus rabinos, sus dirigentes y sus instituciones comunitarias. Y lo más
importante, en Portugal, todos los judíos, sin importar cuándo llegaron al
país, fueron convertidos a la fuerza, en Lisboa, en 1497. Esa conversión
forzosa, colectiva y terriblemente trágica porque muchas familias prefirieron
matar a sus hijos y suicidarse antes de aceptar el catolicismo, dio a los
conversos de Portugal un sentido de dolorosa memoria colectiva y unidad
nacional tan fuerte que ese grupo tomó el nombre de “Nación”. Mantuvieron por
siglos, una fuerte inclinación a anudar lazos de comercio y matrimonio entre
ellos.
Las mujeres procesadas
muchas veces, tienen distinto apellido que sus padres, sus maridos, sus
hermanos y sus hijos. Los expedientes mencionan dos o más nombres y apellidos
con que son conocidas. Eso corrobora que para evitar ser encontrados, los
descendientes de conversos adoptaron tres prácticas comunes: Cambiaron su
ciudad de residencia, buscaron otra profesión y tomaron otro apellido.
Estudiando los siglos XVII y
XVIII en Brasil y el Río de la Plata, puede verse que muchos procesados por la
Inquisición, llegaron a América desde España porque pasaron de Portugal a
España mientras ambos países estuvieron unidos, entre 1580 y 1640, por estar en
el trono Felipe II, como heredero de ambas casas reinantes. Pero la Inquisición
buscó sus antecesores y llegó a judíos de Portugal.
¿De qué acusaba la Inquisición a las
mujeres? Las acusaban del pecado de “judaizar” por no cocinar cerdo ni conejo
en la casa. Por ponerse camisa limpia el sábado. Por ayunar algún día de setiembre
en recuerdo del “Dia Grande” (así era conocido Yom Kipur, Día del Perdón). Un
ayuno era quizás la forma menos peligrosa de celebración, pero requería
precauciones. La Inquisición reveló ardides curiosos. Por ejemplo, enviaban a
los sirvientes a un recado y se ensuciaban los platos para dar la impresión de
que todos habían comido. Otras veces, la familia simulaba una pelea a la hora
de la comida, para que alguno, dándose por ofendido, saliera dando un portazo y
todos los familiares detrás de él, para consolarlo. Acusaban a las mujeres –
por lo general, no a los hombres- de guardar, los miércoles de la semana de
Carnaval, el ayuno de la reina Ester, o Santa Ester como la llaman. Las mujeres criptojudías se identificaban con
Ester porque esta heroína bíblica mantuvo en secreto su origen y su parentela.
La memoria de Ester les daba esperanzas, porque Ester logró la liberación del
pueblo hebreo.
Algunas mujeres contaron a los inquisidores
cómo ellas mismas sacrificaban las aves con un corte en el pescuezo según les
había enseñado su madre, probando antes el cuchillo para asegurarse de su buen
filo y dejando desangrar al animal. Las mujeres lo llamaban costumbre de
familia, sin saber que eran normas hebreas.
En
los expedientes de todos los procesados por el delito de judaizar, aparece
siempre la misma pregunta: ¿quién fue que le enseñó? Todas las respuestas
nombran a una mujer mayor de la familia. Una abuela, tía, prima, enseñaba a los
jóvenes, qué tenían que hacer si eran procesados por la Inquisición .Tenían que
confesar que eran judaizantes y arrepentirse de su herejía. “Confiesa o muere”,
decía el Inquisidor y esa alternativa era real. En los expedientes, hombres y
mujeres, todos confiesan que creen que la salvación es posible según la Ley de
Moisés y no, según la Ley de Cristo. Esa
es llamada por varios autores la “doctrina marrana” que según el historiador
Cecil Roth, adopta del catolicismo la idea de la salvación del alma por creer
en Jesús y la traslada a la aceptación de la Ley de Moisés. Esa era la
confesión que quería arrancar el tribunal de la Inquisición y sus medios de
tortura lograban que los procesados confesaran lo que el tribunal quería.
La Inquisición fue abolida
oficialmente en 1834 en los dominios de España y en 1821 en Brasil y los
dominios de Portugal. En las colonias americanas, terminó antes, cuando cada
país logró su independencia.

Mientras hubo Inquisición, existieron judíos ocultos o criptojudíos. Su
criptojudaísmo se expresaba en muy pocos elementos. Uno era el orgullo por sus
orígenes hebreos. El segundo, la lealtad a los antecesores. El tercero, el
deber de la memoria.

Recordar el propio origen es un mandato del Pentateuco, que en este caso
se convirtió en primordial. Los miembros de la “Nación” compartieron, según
dice el historiador Natan Wachtel, la fe del recuerdo. Prohibida la Sinagoga,
la escuela, el estudio, sin autoridades religiosas, sin maestros, sin libros,
todas las celebraciones tenían que realizarse en la casa y en secreto. Un
libro, un calendario hebreo, hubiera delatado a toda una familia. Las mujeres de la casa fueron quienes
llevaron adelante la memoria y el recuerdo, prendiendo velas antes de la cena
de los viernes en familia, dando alguna bendición con palabras que cada una
sentía. Hombres y mujeres pudieron ser de ese modo, durante varios siglos,
cristianos para el mundo y judíos en la casa. Gradualmente los recuerdos se
fueron olvidando y el criptojudaísmo desapareció. Los descendientes de
conversos terminaron asimilándose a la población criolla americana.
La profesora Anita Novinski ha
conducido varias investigaciones de las que resultan que varias familias,
desparramadas en pequeñas poblaciones del Sertao, al Noreste de Brasil y en
poblaciones más al Sur como en Campinas, se han casado desde hace siglos,
siempre entre ellas. En estos últimos años, han descubierto que ciertas
costumbres familiares de las dueñas de casa, como esconderse en habitaciones
cerradas los viernes a la noche para prender velas y no cocinar cerdo, revelan
sus antecedentes hebreos. Algo similar ha sucedido en pequeñas poblaciones de
la Amazonia. Algunos de ellos están buscando volver a vivir como judíos.
Fueron las mujeres
descendientes de sefaraditas conversos quienes enseñaron a sus familias a
recordar su origen hebreo. A través de 10, 20 generaciones, sin real
comprensión ni conocimiento de la religión hebrea, fueron las mujeres quienes
se acordaron de recordar, a pesar de las persecuciones y del miedo. Ellas
merecen que nosotros recordemos su historia.
Esther Mostovich
de Cukierman